
El miedo, el miedo a la soledad, el miedo a la muchedumbre, el miedo a las mentiras, los miedos que consuelan, los miedos que desencadenaron el ingenio.
Hay momentos adecuados, momentos diferentes, momentos en los cuales he confundido el deseo con el miedo.
Los años transcurren y resulta difícil aceptar que, por miedo, las personas cambien. El miedo al fuego, el miedo al vacío, el miedo a las cosas no dichas, el miedo de quien no sabe partir, el miedo del que no sabe regresar.
He combatido mis miedos dedicando mucho tiempo a las dificultades.
Muchos me piden respuestas sin considerar que no las encuentro ni siquiera para mí.
He aprendido una lección preciosa: El miedo está en la mirada de quien lo percibe, el miedo está en el corazón de quien lo incrementa.
El error no existe si no se considera tal, no hay escape si no se está convencido de escapar.
Han pasado tres años, años bellos y a veces un poco menos, pero un momento difícil no es sinónimo de momento feo. A menudo nos asombramos por el encanto de las cosas que no parecen ser encantadoras.
He observado el cinismo y entendido que sólo puede merecer indiferencia, ni respuesta, ni mirada: sólo indiferencia.
El dolor no justifica ninguna acción pero el error siempre merece la posibilidad de ser escuchado. Todo encuentra un por qué en las cosas de todos los días. No es necesario abandonarse a la prisa, no es necesario abandonarse al futuro, no es necesario abandonarse a quien creemos pueda ser grande, no es correcto abandonarse a poco.
¿Pero qué es el miedo? Yo no lo sé pero lo escogí por amigo, escogí despertarle la curiosidad con lo que hago, lo obligué a que me escuchase e, incluso si no lo hará yo continuaré.
Tal vez puedas encontrarme donde menos te lo esperas, espero entiendas, Si no sabré restituirte sólo sonrisas, pero el amor tiene un modo suyo de comunicar. El amor se esconde en los pliegues del silencio porque los secretos y las mentiras también lo hieren.
A muchas personas debo decir "gracias", estoy convencido, incluso si a menudo me siento solo.
Es difícil comprender dónde colocar el corazón, con el transcurso de los años la respuesta es más difícil por tanto : ¡NADIE ESTÁ SOLO!
Lo digo, lo provoco pero no podré entenderlo nunca, estaré perennemente expuesto a la duda. Continuaré a confiar en el tiempo del cual espero me ayude con su discontinuo curso, mientras el instinto me sugerirá los senderos por recorrer.
Yo agradezco a las personas que hasta ahora he encontrado, las que tuvieron la sensibilidad y la inteligencia de ir más allá y a los que han cedido a las tentaciones de las veloces consideraciones.
Aún ahora espero no suceda nunca más, aún ahora espero no formar parte del juego de las apariencias, Todavía después de varios años reconozco las sonrisas auténticas, aún ahora si estoy mal me escondo como los demás.
No temo la muerte, lo confieso... Tengo miedo de morir ahora.
Tiziano
(Fotografía por LioniceX - Parque Santa Ana, Las Palmas de Gran Canaria)