Tú me enseñaste

Hace tiempo que no me paro a acariciar a un perro. Desde que se murió Zürich no he querido tener relación con estos animales. Últimamente parece que necesito un compañero de andanzas nuevo. Que, como Zürich, no le haga falta hablar para dar las gracias, nos entendíamos perfectamente. Antes tenía un mal día y entraba a mi casa con ganas de gritar, pero allí estaba ella, bajo mis pies, tras la puerta, moviendo el rabo de un lado a otro diciendo... -venga hombre alegra esa cara, que el mundo no termina aquí, vamos a hacer algo juntos-. Cuidando lo que mucha gente llama mascota, aprendí a valorar las cualidades y virtudes de las personas, aprendí lo que era la amistad, aprendí a dar sin pedir nada a cambio... y tú, Zürich, me enseñaste.
(Fotografía por LioniceX - Puerto de Santa Cruz de Tenerife)






2 Dreams:
Me encantó este post. Lo cierto es que yo también me acuerdo cuando estoy en tu casa. Sentado en el sofá me parece que está rondando por allí buscando a alguien que la acaricie. Fue muy buena compañera.
En fin, nada más que corroborar lo que pones en el post. Era la mejor de las compañeras, la jodida cómo entendía! :) En otro tiempo me hubiera deprimido, hoy en día he comprendido que algún día la volveré a ver. Besos
Publicar un comentario en la entrada