19.9.07
10.9.07
Tú me enseñaste

Hace tiempo que no me paro a acariciar a un perro. Desde que se murió Zürich no he querido tener relación con estos animales. Últimamente parece que necesito un compañero de andanzas nuevo. Que, como Zürich, no le haga falta hablar para dar las gracias, nos entendíamos perfectamente. Antes tenía un mal día y entraba a mi casa con ganas de gritar, pero allí estaba ella, bajo mis pies, tras la puerta, moviendo el rabo de un lado a otro diciendo... -venga hombre alegra esa cara, que el mundo no termina aquí, vamos a hacer algo juntos-. Cuidando lo que mucha gente llama mascota, aprendí a valorar las cualidades y virtudes de las personas, aprendí lo que era la amistad, aprendí a dar sin pedir nada a cambio... y tú, Zürich, me enseñaste.
(Fotografía por LioniceX - Puerto de Santa Cruz de Tenerife)







